Maternidad

Todos para uno y uno para todos

Con los niños pequeños todos los días se dan cosas nuevas. Para muestra un botón. La semana pasada mi hijo Roberto y la pacha se conocieron. No fue amor a primera vista, pero se acomodó rápido al biberón.

Lo interesante de esta nueva experiencia no fue su reacción, sino la de Daniela. Se quedaba mirando interesada en lo que sucedía.

Cuando él comenzó a llorar, rechazando esa nueva textura del biberón, diferente a tomar pecho (aunque la leche es la misma), ella me miró y dijo: “Mamá, Bibby triste”, como queriendo explicar el llanto de su hermano.

A mí me sorprendió el análisis que demostró en sus palabras tan sencillas. Ella asoció la cara y las lágrimas del niño a un sentimiento, y a ese objeto nuevo que estaba probando. Pero lo más encantador para mi es que se mostro preocupada por él.

Es ahí donde pensé en los increíbles y especiales lazos que desde ya se están formando entre ellos. Los hermanos se vuelven un equipo, en este caso, una pareja de exploradores que se acompañarán durante la expedición, que les espera por la selva de la vida.

Desde tan pequeños expresan el cariño por el otro, con una mirada, una sonrisa o un juego simple de me escondo y me encuentras. Es impresionante como ya se está forjando esa camaradería y complicidad, que luego los llevará a ser grandes amigos, el menos eso espero.

Alguna vez alguien me dijo que el mejor regalo que podíamos dar a Daniela era un hermanito, y creo que tenía razón. Pero definitivamente en nosotros está ensenarles desde ahora a compartir, a valorar sus diferencias como oportunidades de aprendizaje y no como motivo de discordia o envidia entre ellos (cosa que es muy común entre algunos hermanos).

Les aseguro que disfruto cada momento en que ellos se descubren entre sí, pero añoro verlos jugar y correr juntos, ver cómo serán un poco más grandes.

Me los imagino como los mosqueteros, siempre juntos y viviendo grandes aventuras, jugando en la sala de la casa; usando mantas y un palo para crear una fortaleza, defendiendo al otro de los villanos. Nunca uno en contra del otro, sino juntos contra el mundo y sus adversidades, apoyándose pase lo que pase.

Y es que desde ya es nuestro deber como padres formar en ellos esa necesidad de familia y creo que entre hermanos es que mejor se aprende la tolerancia, la solidaridad, la generosidad y el respeto.

Las peleas existirán, es inevitable y hasta saludable, pero el reto está en mostrarles con el ejemplo que el amor de familia es incondicional y eterno. Aunque se descubran diferentes, mientras vayan creciendo e individualizándose, hay un lazo y una fuente común que es su familia y el amor que existe entre ellos, y me consta, desde que se conocieron, cuando Bobby estaba aún en mi vientre.

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